La cámara hiperbárica es un dispositivo cerrado en el que el paciente respira oxígeno a una presión superior a la atmosférica normal. Este tratamiento se conoce como oxigenoterapia hiperbárica (OHB). Al aumentar la presión, el oxígeno se disuelve en mayor cantidad en el plasma sanguíneo y llega con más facilidad a los tejidos, incluidos los que están dañados o en proceso de recuperación.
Esto es diferente a simplemente respirar oxígeno con una mascarilla a presión normal. Sin el aumento de presión de la cámara, el oxígeno extra no llega a disolverse en la misma cantidad en el plasma sanguíneo, así que no alcanza los mismos tejidos con la misma facilidad.
Las cámaras que se usan en clínicas especializadas trabajan normalmente entre 1,5 y 3 atmósferas absolutas (ATA), según el protocolo y el motivo del tratamiento. Existen dos tipos de cámara: la monoplaza, pensada para un solo paciente que respira el oxígeno directamente del ambiente presurizado, y la multiplaza, en la que varias personas comparten el espacio y respiran oxígeno a través de una mascarilla.
El aumento de oxígeno en sangre y en los tejidos es la base de casi todos los efectos que se le atribuyen a este tratamiento: mejor oxigenación celular, reducción de la inflamación y apoyo a los procesos de reparación del cuerpo. La oxigenoterapia hiperbárica se empezó a usar para tratar la enfermedad descompresiva en buceadores y la intoxicación por monóxido de carbono. Con el tiempo, el mismo principio se ha extendido a otros usos, entre ellos el apoyo a la recuperación deportiva y a determinados procesos de cicatrización.